Vuelvo a abrir una cajita azul, que estaba olvidada, tirada, empolvada. Porque quizás las circunstancias de la vida, lo quisieron o simplemente me acerco al momento crucial de reencontrarlos.
He escrito muchas cosas sobre ello, pero esta sería la definitiva...el destello final de recuerdos, a punto de ser erradicados.
Un lluvioso año 2006, comenzaba la historia sin fin. Iguazú era el protagonista, ciudad calurosa, memorable de mis tierras patrias. Hermosa. De aguas danzantes infinitas. Sabor mágico.
Diecisies horas con el culo en un colectivo, una mudanza a pleno. Pueblo chico, infierno grande. Gente nueva. Todo nuevo.
Allí estaba...ese primer personaje que sucumbió en mi vida. Nada más que un amigo. El futuro tenía que estar escrito por algún lado.
Bonita palabra para adornar las mentiras que me ofreció. Pero bueh...
Libros nuevos y escolástica mediocre circulaba en mis neuronas, pero en medio de esas letras, estaba el otro personaje que iluminaba mis mañanas. Dulces mañanas. Cobardía cotidiana.
Una tarea nueva que el destino me propuso, fue el encerrarme en su círculo de amigos. Amigos? Otra vez. Pero era otra persona, eran dos, que sin saber se confundían como amigos. No había confusión, había elección.
Combinada con una excelente dosis de rebeldía, el tiempo transcurrió tranquilamente sin cambios...hasta que repentinamente, cuando mi vuelta a la ciudad de arquitectura parisina era inminente (Palabra muy empleada en esos tiempos), el personaje segundo en cuestión desechó la amistad. Esos días fueron maravillosos, inolvidables (También el diccionario transpiraba la misma).
Al mismo tiempo, el 1º personaje pateaba su pseudo amistad para confundir más mi decisión. Mi decisión fue rápida. Más que elegir al segundo personaje, era desechar al primero...era sobrellevar algo peor. La distancia.
Enero de 2007...de vuelta. Distancia. Mails. Mensajes. Llamadas. Horas de insomnio. Distancia, distancia. Ahh, era el sufrimiento y el amor en carne propia. Pelear en contra de los prejuicios, ver parejas cercanas, esperar largas horas para hablar con él. Un abrazo, un beso. Nada. Ilusiones...tragadas en una estrella, en lágrimas que jamás llegaron en las cartas. Muertas en una llamada en un mes caluroso de mayo.
Muertas como hojas secas en otoño. Mensajes caducados, encierros previstos. Una nueva cajita empezaba a armar y desarmar. El duelo fue prolongado, en la más absoluta soledad; sabiendo bien que el buscó reemplazantes y que el Sr futuro me traía otro. El primer personaje. El alejado y rechazado. El perseguidor. Un inconsciente consuelo en la misma distancia (DISTANCIA, CHE!), pueblo, y círculo social. Que desgracia la mía, y pensar que se fusionaron en un solo.
Pensar que jamás me dí cuenta.
Hasta el día que por vaya uno a saber, lo acepté. Lo quise, y sin querer lo fusioné como plastilina roja y verde a aquel otro pedazo de cursilería malgastada. Necesario. Como todo. Era mi amigo, un amigo de verdad. Pero las confusiones dadas desde el principio hicieron que todo sucediera como si nada. (Conste que respeto a rajatabla a los amigos. Si)
Igualmente todo transcurrió hasta principios de 2008, donde el destino por fin, me dió a elegir, entre querer cerrar otra caja, borrar mails, detalles profundos de esos recuerdos. Cerrarla definitivamente. Por qué no tirarla? Nah. Es mejor guardarla...porque en el fondo, el concepto de amistad puede ser aplicado en un futuro. Lejano. A distancia. Sin peligros.
Stop.
Cecilia cierra la cajita azul, azul eléctrico. Llora un ratito, sonrie. La deja en su estante y sale para Floresta.
El fin del imperio: la grieta (I)
Hace 2 meses
