viernes, 31 de julio de 2009

Nada dicho por nadie

Hoy alguien me preguntó...¿Qué ocurre aquí? Yo sólo me limité a responder: lo mismo de siempre. Nada. Viendo mi rutina de estudios, trabajo, familia y tal vez amigos, me dí cuenta cuán vacía estaba. No ocurría nada interesante en estos días, nada pasaba, nada seguía. Pero nada estaba.
Nada fue mi amiga de adolescencia y juventud e incluso de madurez...Ahí estaba siempre...firme y callada; aburrida y melancólica. Síntoma de un niño cuando no sabe que hacer; síntoma de adulto cuando le pasa lo que le pasa a mi...Nada.
Ella es vacía, pero impenetrable. Dura pero paciente. Y dolorosa. ¿Pero quién en realidad?

Recuerdo que se me presentó en una noche de verano...en un interminable año '78. Ahí estaba yo, mirando el cielo esperando una respuesta a mi desencantamiento con la vida misma...
De pronto, una vocecita dulce me dice: "He venido a acompañarte"
-¿Quién sos?- dije
-Nada, tu nueva compañera. Ví que estabas sola sin algo importante que hacer y decidí venir...

Fue una noche extraña. Y las que siguieron, por muchos años más. Cuando quería librarme de ella, sentía como todo en mi alrededor se volvía caótico y cediendo a su petición, todo se normalizaba. Dominaba sus acciones, mis deseos, amarguras, alegrías.
Pero la noche en que me casé, nada se apareció de modo desesperado diciéndome: "¿Qué no entendés, el por qué no debes dejarme? Crecí contigo y te encontré en la concepción de tu soledad. Así me pagás? Siendo yo huérfana de mi destino, el karma de mis seguidores. Me elegiste. Inconscientemente, pero lo hiciste. Fuí fiel cuando no te oían ni te veían. ¿Y ahora querés ser oída y vista? Es injusto. Para todos. Pero bien, hacé lo que quieras...pero serás más o igual de desdichada como yo"

Desapareció. Cinco años sin ella, cinco años en la florescencia de la vida. Pero volvió, como esa misma noche de verano del interminable año '78 con una vocecita grave e impaciente diciéndome:
"Soy inevitable. Nada es mejor que cualquier cosa, no?"

Y sólo me limité a responder: ¿Cuánto más debo soportarte... ser nadie?

No hay comentarios: