Me levanté muy temprano ayer intentando recordar algo grande.
"Tiene que ser especial. Si es así, no estaría perturbandome así" pensaba.
Muchas horas pasaron, con un dolor terrible de cabeza, el ánimo destrozado por el trabajo... y seguía sin recordar "eso" que parecía tan grande.
Cada vez crecía más y más, haciéndome creer que lo recordaría enseguida, dejándome en paz. Pero no. Me daba la sensación que mis pensamientos iban a salirseme por las orejas.
Al anochecer, un humilde sobre llegó a mi puerta. Este contenía un papel muy brillante, con una sencilla frase que rezaba:
¡Muy feliz cumpleaños!
Jamás me había sentido tan mal conmigo misma.
Spoiler: Este sencillo escrito no intenta realzar el ego de la autora, ni recordar su mismo cumpleaños.
El fin del imperio: la grieta (I)
Hace 2 meses

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